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Ep. 27 · Vasari, vida de Leonardo: el biografo como fan (T3, Ep. 9)

Para cerrar la tercera temporada de Inéditos e Inconclusos, Ernesto Priani y yo nos atrevimos con el primer libro renacentista del podcast: Las vidas de los más excelentes pintores, escultores y arquitectos de Giorgio Vasari. No quisimos abarcar la obra entera, que recorre casi trescientos años de arte italiano. Elegimos una sola vida, la de Leonardo da Vinci, como puerta de entrada.

Un libro hermano de Diógenes Laercio

Lo primero que nos llamó la atención fue el parentesco entre Vasari y Diógenes Laercio. En el Quattrocento, las Vidas de los filósofos volvieron a circular en Italia gracias a la traducción latina de Ambrogio Traversari, y se volvieron patrimonio de la cultura general justo la generación anterior a Vasari. Vasari toma ese modelo para contar una historia completamente nueva. No cuenta la historia de los filósofos, sino la de los pintores, escultores y arquitectos. Y no la cuenta como un catálogo, sino como un relato de progreso: cómo las artes avanzan desde el siglo XIV hasta su plenitud en Miguel Ángel, del mismo modo que Diógenes hace ascender la filosofía hacia Platón y luego hacia Epicuro. Como en Diógenes, también aquí hay muchas afirmaciones que la historiografía posterior ha corregido.

¿Por qué el Renacimiento es de los artistas?

Nos preguntamos por qué recordamos el Renacimiento sobre todo por sus pintores, escultores y arquitectos, y no por sus filósofos o escritores. Sospechamos que Vasari tiene buena parte de la culpa. Fue él quien propuso un sistema para entender el desarrollo de las artes figurativas, y nadie hizo algo equivalente con la filosofía o con las letras, que además vivían a la sombra de Dante. Pero el movimiento fue de toda la cultura. La pintura florentina no se entiende sin el platonismo de Ficino y de Pico della Mirandola. El propio vocabulario de Vasari lo muestra: piensa el arte como una relación entre técnica y naturaleza, donde el arte imita a la naturaleza y a veces consigue lo que ella no alcanza. Es una síntesis de las teorías antiguas de la mímesis, de Platón y de Aristóteles, muy propia de la Florencia de su tiempo.

De artesanos anónimos a creadores

Antes del Renacimiento, arquitectos, escultores y pintores eran trabajadores sin estatus. De los constructores de las catedrales no sabemos ni los nombres. Vasari, que trabajaba para cualquier patrono dispuesto a pagarle, recorrió la Toscana conversando con colegas, rivales y clientes, y recogiendo lo que en cada pueblo y cada convento se sabía de quién había pintado o construido qué. El resultado es que esos artistas dejan de ser anónimos y pasan a tener nombre, carácter, técnica, estilo y un lugar en la historia. Vasari da forma a un fenómeno que llevaba dos siglos en marcha y que resuena con la idea de Pico: el ser humano como autor de su propia obra y de su propia vida. Esos creadores querían ganarse su lugar, pero también necesitaban a alguien que los reconociera haciéndolo. Nos pareció precioso que ese reconocimiento llegara por medio de biografías.

Leonardo: belleza, gracia e inconclusión

La Vida de Leonardo no está centrada en acontecimientos sino en obras: quién las encargó, dónde se hicieron, qué les pasó. Antes de contar dónde nació, Vasari dice que Leonardo era bellísimo, lleno de una gracia infinita en todas sus acciones, amable y generoso. Estudió música, improvisaba cantos acompañándose de una lira de plata en forma de cabeza de caballo, compraba pájaros en el mercado para liberarlos y se interesaba por las propiedades de las hierbas y por el movimiento del cielo.

Pero el rasgo que más repite Vasari es que no terminaba nada. La anécdota que mejor lo resume es la de la Última Cena. El prior de Santa Maria delle Grazie se queja ante el duque Ludovico de que Leonardo pasa horas mirando la pared sin pintar. El duque, que sabe con quién trata, lo manda llamar con cuidado. Leonardo le explica que los ingenios más altos a veces trabajan más cuando menos hacen, porque están buscando en la mente lo que después ejecutan las manos. Le faltaban dos rostros. El de Cristo, porque no creía encontrar en la tierra un modelo digno. Y el de Judas, para el cual, si no encontraba nada mejor, siempre le quedaba el del prior. El duque se rió, y según Vasari la cabeza de Cristo quedó inconclusa. Leonardo no estaba soñando despierto: estaba resolviendo un problema. Tenía trece rostros reaccionando al anuncio de una traición, y cada uno expresaba una emoción distinta porque nadie sabía qué pensaba el maestro.

Hay otras escenas igual de memorables. Leonardo pintó un ángel en el Bautismo de Cristo de Verrocchio, y tan bien que, según Vasari, el maestro decidió no volver a tocar los colores. Hizo una rodela con una Medusa compuesta a partir de los bichos que coleccionaba en su cuarto, y la presentó a oscuras, con una puesta en escena de luces, hasta aterrar a su propio padre. Y el papa León X, al verlo preparar sus barnices antes de empezar, sentenció que no acabaría nada porque pensaba en el final antes que en el principio. Vasari, además, siempre muestra la relación de los artistas con el dinero y con el poder. El artista es por definición un cortesano, y Vasari, cortesano él mismo, es el mejor chismoso de la corte.

Lo que Vasari no cuenta

Al terminar esta Vida queda la sensación de que Vasari contó la mitad. Quiere mostrarnos a un pintor, y por eso subraya el dibujo y el uso de sombras cada vez más oscuras. Deja casi fuera al inventor, al ingeniero que dibuja máquinas y planea desviar ríos, y al anatomista que estudió con Marcantonio della Torre los músculos y nervios de la cara, los mismos que sostienen la sonrisa más famosa de la pintura. Esa imagen del “hombre renacentista” crecerá después, con el Hombre de Vitruvio como emblema, hasta llegar al Leonardo pop de El código Da Vinci.

El final de la Vida es donde Vasari más dramatiza. Cuenta una conversión religiosa en la vejez, y cuenta que Leonardo murió en brazos del rey Francisco I, lamentando no haber hecho todo lo que su genio le permitía. La crítica moderna considera muy dudosa esa escena, porque hay documentos que sitúan al rey lejos de Amboise el día de la muerte. Un detalle que no alcanzamos a mencionar en el episodio: en la primera edición de las Vidas (1550), Vasari describía a Leonardo con un concepto de la religión que calificaba de herético, y esa caracterización desapareció en la edición de 1568.

Un genio a estatura humana

Leonardo pasó de ser un gran artista a ser un paradigma de la humanidad. Por eso nos pareció refrescante volver a Vasari, que lo mira todavía a estatura humana, con grandezas y defectos, como alguien que casi fue su contemporáneo. Vasari lo dice de un modo que nos encantó: a Leonardo le parecía que su mano nunca alcanzaba la perfección que imaginaba, como si su obra fuera siempre a la zaga de su deseo. Quizá esa sea una buena definición de genio. El genio no es el que termina, sino el que da toda su importancia al problema, a las hipótesis y a los ejercicios con que intenta resolverlo, y mucho de eso ocurre en el dibujo. No se nos ocurre mejor manera de cerrar una temporada de Inéditos e Inconclusos que con el gran inconcluso del Renacimiento.

Fe de erratas

Algunas precisiones sobre datos que se dijeron en la conversación:

  1. La fecha de muerte de Leonardo. Leonardo nació en 1452 y murió en 1519.
  2. La traducción de Traversari. Ambrogio Traversari tradujo las Vidas de Diógenes Laercio del griego al latín, entre 1424 y 1433.
  3. La palabra “renacentistas”. Vasari no usa ese término. Habla de la rinascita de las artes. “Renacimiento” como nombre de una época se consolidó mucho después, en el siglo XIX.
  4. La noche de San Bartolomé. La matanza ocurrió en 1572. Fue contemporánea de Vasari, no de Leonardo, que murió en 1519, antes de las guerras de religión.
  5. La técnica de la Última Cena. No es un fresco. Leonardo la pintó al temple sobre el muro seco preparado, y por eso empezó a deteriorarse casi enseguida.
  6. La Virgen y el pequeño San Juan. La escena de la Virgen que mira al pequeño San Juan jugando con un cordero es la descripción que Vasari hace del cartón de Santa Ana, no de la Virgen de las Rocas, que no aparece en esta Vida.
  7. La venta de la rodela. Según Vasari, ser Piero vendió la rodela de la Medusa en secreto a unos mercaderes florentinos por 100 ducados, y ellos la revendieron al duque de Milán por 300. No al rey de Francia.
  8. El retablo de la Annunziata. El encargo era de Filippino Lippi, hijo de Filippo, que se lo cedió a Leonardo. Leonardo solo hizo el cartón de Santa Ana. Filippino retomó después el retablo, pero murió en 1504 sin terminarlo, y lo completó Perugino.
  9. El anatomista. El colaborador de Leonardo en anatomía se llamaba Marcantonio della Torre.

 Lecturas y enlaces

  • Giorgio Vasari, Vida de Lionardo da Vinci, texto italiano de la edición de 1568 en Wikisource: enlace
  • La Última Cena de Leonardo, con la imagen de alta resolución que recomendamos mirar despacio: Wikipedia
  • La rodela de la Medusa según Vasari: Wikipedia
  • Ambrogio Traversari, traductor de Diógenes Laercio al latín: Wikipedia
  • Ingrid D. Rowland, “Raphael’s Eminent Philosophers: The School of Athens and the Classic Work Almost No One Read”, en Diógenes Laercio, Lives of the Eminent Philosophers, trad. Pamela Mensch, ed. James Miller (Oxford University Press, 2018). Reseña de la edición en Bryn Mawr Classical Review
  • ¿Murió Leonardo en brazos de Francisco I? La versión del Château d’Amboise: enlace
  • Walter Isaacson, Leonardo da Vinci (2017), la biografía moderna que mencionamos.

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